Murmullos

Clases de Swingers

Etiquetas. Para bien o para mal, nos encanta ponerle etiquetas a todo. Para definir la música que nos gusta, la comida, los tipos de películas, y para no perder la costumbre, también usamos ávidamente las etiquetas en La Ondita.


Las clasificaciones que más usamos son tres. Parejas, unicornios y singles.


Hemos hablado ya en el podcast sobre estas tres formas principales de swingear, y cada una tiene sus características y su propia personalidad. Mientras que una pareja puede jugar de muchas maneras, se entiende que el juego y la fantasía es de dos. Lo que nos lleva a las siguientes figuras. 


Las unicornios. Son tan raras y anheladas que de ahí deriva su nombre, tal como las criaturas mitológicas casi imposibles de encontrar. Y el set de “reglas” que envuelve a una unicornio es muy amplio. Una chica unicornio tiene la ventaja insuperable de poder jugar casi en cualquier escenario. Con parejas, con chicos solos, con chicas solas, en grupo, y básicamente encuentran espacio en casi cualquier fantasía. Personalmente me sorprende que siendo el grupo que potencialmente más podría divertirse en el mundo swinger, sean también el más escaso. Sin embargo este será tema a tratar en otra ocasión.


Al final de las clasificaciones principales están los singles, quienes al contrario de las unicornios, abundan en cantidades casi industriales. Lo hemos comentado muchas veces, es solo cuestión de dar un vistazo y de inmediato aparecen dos o tres singles atentos, listos y dispuestos a atender los llamados que una pareja, o una chica sola puedan hacerles. Esta figura es la que, en general, menos control tiene al momento de definir las fantasías ya que generalmente son las parejas, o las unicornios, quienes tienen la prerrogativa de elegir con quién si, y con quien no. Incluso en el núcleo de las parejas quien normalmente toma la decisión final son las mujeres, por lo que los singles están generalmente sujetos a las elecciones de las chicas.


Al ser los singles una categoría en si mismos, tienen su propio set de reglas. Me parece que la más común, o al menos la mas invocada, es aquella de la cual un “buen” single se vanagloria: “se mi papel de tercero”. Es decir, desde el principio un single sabe que es un accesorio en la fantasía de alguien más, y está feliz de ser parte de ella. Ya después aparecen otras características que suelen ondear como estandarte de guerra: la solvencia y las dotes físicas, pero esto también será tema para otra ocasión.


Así que la intención de este artículo es arrojar un poco de luz sobre un tipo de Swingers a quienes las tres etiquetas mencionadas no alcanzan a describirlos adecuadamente.


Me refiero a: los Swingers sin pareja.


Y entonces, ¿qué podría diferenciarlos de las unicornio o de los singles? La respuesta es muy sencilla, la perspectiva desde la cual se aborda el ser Swinger.


Una pareja, al navegar las impredecibles aguas de La Ondita, generalmente lo hacen compartiendo entre sí los juegos, las fantasías, y la complicidad. Pero también comparten con los demás aquello que es lo más preciado para cada uno: su pareja. En este sentido es perfectamente comprensible que una pareja maneje las precauciones que considere pertinente antes de decidirse jugar con otras parejas, y más aún con una chica, o chico solo. Los Swingers protegen casi religiosamente la integridad física y emocional de su pareja, y así debe ser.


Cuando una pareja decide zambullirse en estas aguas, sabe que está compartiendo lo más valioso que tiene, por lo que en muchas ocasiones eligen parejas similares para la hora del juego. Así los cuatro… o los seis, o los ocho, tendrán una igualdad de circunstancias que deje tranquilos a todos.


Y es en este momento donde aparecen los Swingers sin pareja.


Es decir, aquellas personas que, acostumbrados a vivir La Ondita en pareja, de pronto se encuentran solas, carentes de una contraparte con quien seguir compartiendo el juego y la complicidad, y que no se consideran unicornios o singles precisamente porque entienden el ambiente como una aventura que se disfruta entre dos.


Este escabroso tema lo mencionaron Mariana y Diego en alguna ocasión en Twitter, cuando hicieron una encuesta preguntando a la comunidad qué harían en el hipotético caso de encontrarse de pronto solos, luego de haber pertenecido a la comunidad swingera como pareja. Y de ahí parte esta nueva definición de ser Swinger, cuando una persona encuentra la etiqueta con la que se sienta cómoda en La Ondita, pero simplemente no cumple con las características que le corresponden.


De ahí el camino se torna más difícil de definir. La primer alternativa es adaptarse a uno de los roles disponibles como persona sola (unicornio o single), pero probablemente estos no concuerden con la concepción del lifestyle que se ha forjado ya en la mente y la personalidad de dichos Swingers: éste es un juego de pareja.


La segunda alternativa, que aplica a mediano o largo plazo, es mantenerse fuera de La Ondita mientras se comienza una nueva relación, y ésta madura lo suficiente para que ambos puedan volver a la escena swingera aportando el mismo nivel de compromiso y complicidad que el resto de las parejas.


Y la tercer y más truculenta alternativa. Permanecer en el ambiente sin ser, evidentemente, una pareja, pero sin cumplir los estándares que se esperan de una unicornio, o un single, y comenzar a forjar la definición de esta nueva clasificación de una persona que se considera a si misma como un “swinger sin pareja”.


La conclusión de esta reflexión resulta en comenzar a establecer las características de esta nueva etiqueta, en donde se privilegia la convivencia sobre el juego, la conversación sobre el playroom, y se es parte del lifestyle de forma un tanto satelital, sin involucrarse enteramente para no violentar las reglas del juego, y al mismo tiempo sin asumir un papel solitario, esperando el momento de volver a integrarse “apropiadamente” al juego, poniendo sobre la mesa la igualdad de circunstancias entre parejas que se mencionó antes.